Grietas

2019

De acero y óxido

Quiero andarme por las ramas y soy un tiro a bocajarro.
Quiero hacer como si nada y ando metido en el ajo.
Quiero ser un cantamañanas o un cabrón con desparpajo.
Quiero quedarme con las ganas o devorarte de un bocado.
Puedo intentar sacar tajada o puedo ahorrarme ese mal trago.
Puedo vestirme de gala o ir descalzo y en harapos.
Soy de acero y óxido, soy de roca y alquitrán.
Quiero hacer daño a propósito, quiero caeros a todos mal.
Puedo ser encrucijada o el camino señalado.
Puedo partirme la cara o puedo mandarte al carajo.
Quiero ser un crucigrama, pero soy un libro abierto.
Preferí quedarme en rana antes que príncipe del pueblo.
Puedo ser la gran cagada, a veces soy un mal remedio.
Soy la punta de la lanza en el ojo bueno del tuerto.

Mi día de furia

Bozales y mordazas, libertades vigiladas.
Fabrican tu seguridad.
Aislamiento preventivo a humoristas ofensivos
Y a nuevas promesas del rap.
Titiriteros que buscan dinamitar la democracia
Con marionetas explosivas:
Son la auténtica amenaza.
Dejadme mi día de furia, mi derecho a la pataleta,
Son mías mis ganas de vomitar.
Dejadme una guillotina y que rueden las cabezas,
Una noche de purga y nada más.
Sobra el mausoleo a un malnacido,
Alzacuellos pervertidos y la Conferencia Episcopal.
Yo solo le rezo al Evaristo, a Leonard Cohen, a Bad Religion
Y a don Enrique Villarreal.
Vaya por Dios, con la Iglesia hemos topado;
Son ellos los que deciden qué es delito y qué es pecado.
La corona y la bandera, la sangre azul de sanguijuelas,
Me dan ardor e indigestión.
Familia garrapatera, mantenidos del sistema
Que nos coló la Transición.
Y nos piden que seamos comprensivos, tolerantes
Con la infanta "pagafantas" y el viejo "cazaelefantes".

La emboscada

Confiscaron sus certezas, la rodearon de espejos.
Le llenaron la cabeza de incertidumbres y complejos.
Se sentía sucia, fea y culpable de los hechos,
por quitarse las coletas y el uniforme del colegio.
Los verdugos fueron todos y la culpa hizo el resto.
La lengua de los ociosos le dio voz al manifiesto.
Fue tachada su conducta de lasciva e inapropiada
por no dejar las piernas juntas e ir enseñando las bragas.
Forzada "con consentimiento" a mordiscos y bofetadas,
se tragó el remordimiento y quiso arrancarse la cara.
Dejaron al descubierto el dolor de sus entrañas.
¿Quién paga los desperfectos que se quedan en el alma?
Un cúmulo de despropósitos, crónica de una muerte anunciada.
No busquéis en los depósitos, el cadáver está en vuestras casas.
En el silencio de sus ojos, el aullido de la manada.
Bailar a ciegas con los lobos y caer en la emboscada.
Un grito ahogado de socorro enterrado en su garganta.
El ultraje y el bochorno se abren paso a dentelladas.
El sabotaje y el soborno por debajo de su falda.
¿Cómo se borra el olor a miserable de las nalgas?

Marfil y porcelana

Él era de marfil, ébano y piel salada.
Ella, de jazmín, cristal y porcelana.
Entrelazaron sus piernas y sus brazos,
se lanzaron desde el acantilado
a un mar de clavos oxidados.
Se fueron a buscar la tierra prometida,
buscaron un hogar, un techo, una guarida,
lejos de la muchedumbre enfurecida.
Se cubrieron de salitre y de saliva
las grietas de sus entrañas.
Fue un amor prohibido,
sin reglas, sin filtros y sin adulterar,
puro y sin domesticar,
crudo y corrosivo,
consumido en su clandestinidad, en su clandestinidad.
La marea arrastró a una playa desierta
pedazos de marfil, porcelana y carne muerta.
De repente, todo volvió a la calma,
regresaron las alimañas a su madriguera,
ya saciadas.
Era un amor brutal, febril y desbocado,
capaz de provocar disturbios y altercados.

La parada de los monstruos

Mi prisión es de carne y hueso.
Cada mañana me lo recuerda el espejo.
Me catalogaron de enferma y engendro.
Las hogueras en las calles hicieron el resto.
Voy agrietando este recipiente,
afilando mi lengua, mis uñas y mis dientes.
Tras el murmullo de vuestro mundo corriente,
un ruido enfurecido, oscuro, intransigente.
Nunca me dejéis en paz, no me dejéis vivir.
Llevadme al circo, a la parada de los monstruos.
Nunca dejéis de reír ni de señalar.
Exhibidme en la parada de los monstruos.
Dentro de mi crisálida espero el momento
de la eclosión final, conteniendo el aliento.
Elegiré el insulto, el odio y el desprecio.
No aceptaréis el cambio, yo pagaré ese precio.
Las hogueras en las calles me quieren ver ardiendo…
Del agravio, virtud para crecer salvaje, para no mirar atrás,
y arañarle tiempo al tiempo.
Mis alas de cristal son inquebrantables, nadie me puede alcanzar
cuando remonto el vuelo.
Entre la multitud se esconden los cobardes
cuando tiran la piedra y bajan la mirada al suelo.
Es firme mi actitud, me habéis hecho invulnerable:
ahora soy una fiera con traje de terciopelo.

Farmafia de guardia

Ponte enfermo, haznos el favor; te suministraremos buena mierda, cosa fina.
Cocaína, nicotina, alcohol, ponte de todo un poco y, si es posible, sin medida.
Luego acude a tu buen doctor; nosotros le habremos asesorado previamente
con viajes al Caribe y Nueva York, y algo de calderilla para su cuenta corriente.
Tú tómate sin rechistar lo que él te va a prescribir
y así se van retroalimentando nuestros intereses.
Viagra para el follador, placebo para el fumador
y Trankimacines para el farlopero arrepentido.
Antes de lanzar al mercado nuestro producto,
le ensayaremos en el sur
con los desheredados del patio trasero del mundo
para curarnos en salud.
Cuando ya te encuentres mejor, nos sacaremos de la manga otras enfermedades.
Pastillas de cualquier color para tus dolores, depresiones y ansiedades.
Necesitamos población farmacodependiente que se chute a diario;
tenemos también la solución para esos posibles efectos secundarios.
Vacunas para prevenir lo que aún tenemos que inventar,
alimentando un estado de alarma social.
Te lo vamos a vender, tú te lo tienes que pinchar;
que cunda el pánico y que nuestros inversores muerdan.

Incombustibles

Esta noche seremos incombustibles, vamos a inmolarnos y a prendernos fuego.
Desatados, completamente impredecibles, nos comemos las perdices
como dos gatos en celo.
Esta noche podemos ser invencibles, vamos a meternos en el barro en cueros.
Deja que me acurruque entre tus ingles, que me adentre y profundice
en cada pliegue de tu cuerpo.
Nos frotaremos hasta desgastarnos, hasta que se borren de la piel las cicatrices.
Bebiéndonos a morro, emborracharnos y luego devorarnos
de la punta a las raíces.
Busco el calor en la humedad de tus rincones,
apurando el tiempo de descuento;
mi corazón agrietado se desangra a borbotones,
rellenando cada recoveco.
Intercambio de alaridos y fluidos, nos derramaremos juntos,
salpicando las paredes; deja que yo sea tu mejor vicio
para sacarme de quicio, pierdo el juicio y los papeles.
Coge de mi carne lo que necesites, cocíname al vapor a fuego lento;
hagamos lo que hacen los aprendices y, cuando lleguen las lombrices,
que no queden ni los huesos.
Empañamos el cristal con el sudor de los latidos.
Ceremonia, ritual, recital de puro instinto.
Para no ver el final, volveremos al principio.
Después del huracán, nos quedamos en el limbo.

Carne fresca

Dicen que estás demasiado gorda para mirarte en ese espejo.
Están distorsionando tu sombra y están agrietándote el ego.
No has de ser, has de aparentar dentro de los roles impuestos.
Borra tu esencia, anula tu encanto y piérdete un poquito más el respeto.
Oh, oh, oh… No das la talla, ocupas demasiado espacio.
Oh, oh, oh… Aguanta el tipo y deteriórate muy despacio.
La industria de la insatisfacción sabe muy bien cómo hacer su trabajo.
Acabarás dándoles la razón, vomitarás el corazón a cachos.
Carne fresca en el contenedor de los anuncios publicitarios.
Mercancía de saldo al por mayor, os tratan como si fuerais ganado.
Debes estilizar tu figura y desfigurar tu cerebro.
Mantener tu autoestima en ayunas para dar con el perfil correcto.
Imagen, dictadura, chantaje, tendrás que quedarte en los huesos.
Los maniquíes de los escaparates te quieren dentro de su pellejo.
Oh, oh, oh… No huelas, no sudes, no llores, finge y no sangres.
Oh, oh, oh… Si no estás de acuerdo, convoca una huelga de hambre.
Caducada y obsoleta por las reglas que dicta el mercado.
Modelo irreal de belleza o sencillamente maltrato.
Siempre el yugo heteropatriarcal consentido y legitimado.
Elige ser una mujer real o el vicio de unos perturbados.
Tus defectos, tus imperfecciones, tus particularidades.
Les incomodan, les molestan, les joden, les hacen más vulnerables.
Si tus taras ya no te limitan, si te quieres y ellos lo saben,
Se mueren de asco y de envidia cuando no pueden extorsionarte.

Las horas muertas

Atrapado en el umbral, no estoy ni dentro ni fuera.
Que alguien escriba ya el final de esta absurda tragicomedia.
Más alto no puedo gritar, disculpad mi insistencia.
Tan solo quiero abandonar con dignidad mi existencia.
Si me pudiera desangrar mordiendo con fuerza mi lengua,
necesito descansar; dadme un respiro, una tregua.
Me consume la ansiedad mientras las paredes se estrechan,
ya no aguanto un día más esta cadena perpetua.
Las cuatro esquinas de esta cama son mi tumba abierta.
Me pudro lento en esta habitación viendo pasar las horas muertas.
Soportáis mis excrementos, mis babas y mi orina;
me limpiáis por fuera y, dentro, me dejáis un alma en ruinas.
Soy un estorbo, una molestia, un lastre, un pedazo de carne,
un peso muerto con consciencia, una cabeza parlante.
Desde aquí tengo la impresión de morirme a cámara lenta.
Miro el tiempo en mi reloj; no transcurre, apenas mengua.
Me golpea una única obsesión: que se haga firme mi sentencia,
que alguien detenga este corazón y que termine mi condena.

Jodido pero contento

Estoy jodido, pero estoy contento.
Soy un esclavo cobrando un buen sueldo.
Vivo en un chaletazo a un minuto del centro.
Trajes a medida y un gran todoterreno.
Aspirante a burgués acomodado,
Empleado del mes y superpadrazo.
Llevo a mis hijos a un colegio inglés privado,
que se mezclen con escoria y populacho.
Soy un infeliz, soy un amargado,
que nadie me quita la venda de los ojos.
No sé qué hago aquí tan desubicado,
anhelando la vida que tienen otros.
Tengo mi sitio al centro, a la derecha,
patriótico, católico y apostólico de sobremesa.
El macho alfa en las cenas de empresa,
algunas veces la tocha me moquea.
Me echo una canita muy de vez en cuando,
porque yo me quiero y porque yo lo valgo.
No necesito ni voz ni voto,
la razón a mí todos me la dan como a los locos.

Créditos del disco

Formación

  • Víctor González García - Guitarra y voces
  • Juan Antonio García Díaz - Guitarra y coros
  • Juan José Pérez Gual - Guitarra y coros
  • Salvador Tena Esteban - Bajo y coros
  • Lluís Pons Ortiz - Batería